viernes, 10 de mayo de 2013

Capitulo 28: Ascensión del Señor y Domingo de Rosa

Aunque la solemnidad litúrgica de la Ascensión es menos antigua que la de Pentecostés, es sin duda una de las fiestas más importantes del año litúrgico. No encontramos testimonios documentales anteriores a San Eusebio que en el año 325, en una carta sobre la Pascua la denomina “día solemne”. Las Constituciones Apostólicas la llaman con el nombre después común entre los griegos de “Asunción del Señor” (Ανάληψη του Κυρίου) Según todas las evidencias en el siglo V estaba ya universalmente difundida. Hacen mención San Juan Crisóstomo, San Agustín, San Avito de Vienne, San Máximo de Turín y San León Magno en sus homilías. El canon la conmemora con el apelativo de “gloriosa”. Los antiguos sacramentarios contienen varios formularios para la misa denominada “in ascensa Domini”: 6 el Leoniano, 2 el Gelasiano, una sola el Gregoriano, que es la actual.

No es descartable la hipótesis que la fiesta de la Ascensión estuviese unida, en un origen, a la fiesta de Pentecostés, la cual era para los Apóstoles la confirmación y el cumplimiento. Esta fusión era ciertamente un hecho en la Iglesia Madre de Jerusalén hacia el año 395 según el relato de la pelegrina Egeria. Ella narra como a los 40 días de la Pascua el pueblo fiel se daba cita en Belén en la basílica de la Natividad para celebrar la misa, sin dar ninguna referencia a la Ascensión. Sin embargo relata que a los diez días, en Pentecostés, el pueblo se congrega en la basílica de la Resurrección (Santo Sepulcro) para celebrar el oficio y la misa y como después se dirigen hacia el monte de los Olivos, pasando primero por la Iglesia del Padrenuestro (Eleona) para acabar en la Iglesia de la Ascensión (Imbomom) donde se cantan himnos y antífonas adecuadas “al lugar y al día”. Posteriormente se vuelve procesionalmente por el mismo recorrido hacia el atardecer, con acompañamiento de antorchas y velas, para entrar triunfalmente en la ciudad de Jerusalén. La ida hacia el Monte de los Olivos estaría a representar a los apóstoles acompañando al Señor hasta el lugar de su Ascensión, mientras que la entrada litúrgica en Jerusalén de regreso simbolizaría la entrada triunfal de Jesús en la Jerusalén celeste para sentarse a la diestra del Padre. No hay duda de que toda esta liturgia en la fiesta de Pentecostés celebra y conmemora la Ascensión del Señor, siendo considerada esta como un apéndice de la de Pentecostés.

Iglesia del Eleona
Durante la Edad Media estuvo en uso en Roma, una procesión introducida con la intención de representar esa entrada triunfal de Jesús en el cielo. El Papa, solemnemente coronado, salía de San Pedro después de haber cantado los oficios nocturnos y celebrado la Misa en el altar del Apóstol, acompañado de los cardenales y el clero, y cantando los versículos del Versus de Teodulfo de Orleans “Gloria Laus”, más acordes con esta festividad que con la del domingo de Ramos, y se dirigía a Letrán, llegando hacia la hora de sexta.
Iglesia de la Ascensión (Imbomom)
La misa de esta solemnidad está entretejida por los textos escriturísticos referentes al Misterio celebrado, y por los versículos de los salmos 46 y 67 que expresan el júbilo de los cielos por el triunfo de Cristo en su retorno al Padre. Todo es un himno jubiloso para alabar al Señor que con el esplendor de su majestad, como un rayo fúlgido de sol, entra en el esplendor de su gloria. El prefacio en su forma actual es el resultante de la fusión de dos prefacios del Leoniano, así como el Communicantes, aunque ligeramente corregido al parecer por el mismo San Gregorio.
Fave e pecorino, aún usados por el pueblo romano para celebrar el mes de mayo
.Una antiquísima costumbre romana, propia de la fiesta de la Ascensión, era la bendición de las habas, alimento popularísimo entre el pueblo romano, y que venía a simbolizar el conjunto de las primicias de los nuevos frutos. El sacramentario Gelasiano contiene la fórmula para se recitada después de las palabras “Per quem haec omnia…” a mitad del canon antes de la consagración, momento y lugar usual para todas las bendiciones de entonces. Esta bendición desapareció del Gregoriano, aunque la encontramos en algunos libros posteriores.

La rubrica de apagar el cirio después de la lectura del Evangelio es de San Pío V en el siglo XVI: originariamente el cirio pascual era retirado el domingo in Albis. En la catedral de Milán se hacía elevar el cirio pascual representando la subida a los cielos de Cristo. Y en Alemania se hacía cosa parecida pero con un Crucifijo.

Si bien la Iglesia latina, a diferencia de la griega, alarga hasta Pentecostés el tiempo pascual, los textos del Oficio y de la Misa de los días consecutivos están orientados a glorificar el triunfo de Cristo, que sentando su divina humanidad a la derecha del Padre, ha hecho partícipe a todo el género humano de la visión beatífica, así como a preparar los corazones de los fieles a la venida del Espíritu Santo.

Sancta Maria ad Mártyres
La celebración de una octava de la Ascensión es muy posterior, data del siglo XV. En los documentos romanos anteriores el domingo de la infraoctava es llamado sencillamente De Rosa. La estación asignada es el templo de Sancta Maria ad Martyres (Rotunda) es decir, el antiguo Pántheon construido por Agripa. Aquí el mismísimo Papa celebraba la misa y pronunciaba la homilía anunciando al pueblo la próxima venida del Espíritu Santo. Para dar una forma sensible al tema que se desarrollaba, mientras el Pontífice predicaba se hacia caer una lluvia de rosas, como figura del mismo Espíritu Santo, que caían sobre los fieles arrojadas desde la gran abertura central del edificio. La misa de este día es una preparación a la fiesta de Pentecostés: san Pedro en la epístola nos habla de los carismas del Espíritu y el relato evangélico contiene la promesa formal que de la venida del Espíritu Santo hizo Jesús en la Última Cena.

Dom Gregori Maria

3 comentarios:

  1. Una vez más quiero agradecerle, Dom Gregori Maria, este bello artículo histórico sobre la festividad de la Ascensión y ese tiempo de preparación para la solemnidad de Pentecostés, en que la Iglesia, como buena Madre, nos prepara para recibir al Espíritu Santo.

    ResponderEliminar
  2. P.Gómez.
    Gracias al P.Gregori María puedo prepararme mejor espiritualmente y enfocar la homilía de esta solemnidad. Es lo mejor que tiene esta Web como repetidamente y con toda razón se ha expresado.

    ResponderEliminar