miércoles, 3 de abril de 2013

Qué hemos celebrado

Cuando asistía el Viernes Santo al Vía Crucis en mi parroquia, o cuando veía en la televisión el que se celebra en el Coliseo presidido por el Papa, y cuando seguía por la televisión las procesiones de Semana Santa, algunas sobrecogedoras, me preguntaba cómo es posible que no seamos capaces de transmitir con toda su fuerza un mensaje tan potente y tan profundo. Un mensaje por cuya perpetuación y penetración en las almas hacen mucho más los ritos (tanto litúrgicos como paralitúrgicos) que los sermones y los mensajes expresos. Nuestros mensajes, cualesquiera que éstos sean, no alcanzan ni de lejos la expresividad y la hondura del mensaje de este escenario de fe-tradición en que se convierten nuestras calles (y en menor medida nuestras iglesias) en estos días de la Semana Santa.

Abro un paréntesis para invitar a la reflexión a la caterva de clérigos que se tienen por ilustrados, y por eso piensan que la palabra (la suya) tiene más fuerza que todo ese folklore colorista que exhiben el vulgo y quienes le halagan. La escenificación y la liturgia que acompañan a la palabra de esos clérigos son obviamente tan austeras (para evitar que los fieles desvíen la atención del brillo de su palabra dejándose impresionar por los oropeles litúrgicos); tan austeras son, que a menudo pecan de míseras; aunque el vulgo, tan colorista, a eso lo llama despectivamente “cutre”. Ahí está la procesión de Semana Santa más multitudinaria de Cataluña, en Hospitalet, a la que llaman “laica” porque no sale de una iglesia, debido a que en esa zona los curas se han empecinado en despreciar esas formas de devoción popular, foránea para más inri.

Fuera ya del paréntesis, situémonos en la realidad: en torno a la cuarta parte de la población mundial nos reconocemos condicionados (en diversas formas e intensidades) por el hecho de que hace dos mil años irrumpiese en la vida de la humanidad un tal Jesús, el crucificado para más señas, personaje desconocido y oscuro, que con su vida y con su palabra consiguió darles una vuelta increíble a los valores que en aquel momento movían el mundo. Tan profundo fue el vuelco y tan hondo caló en las conciencias, que de fenómeno casi anecdótico y local que era, sin la menor relevancia histórica (a miles los crucificaban los romanos), se convirtió en un arrasador movimiento religioso que cambió la historia de la humanidad. Eso es objetivo, esta información no es sectaria. Se podrá matizar lo que se quiera sobre el reparto de papeles y el desarrollo del fenómeno; pero éste es incontestable, y ahí está. Presentado en forma estadística (que ni refleja la realidad ni es la sustancia de los efectos de este análisis) se dice que en todo el mundo hay 1.800 millones de cristianos, de los que 1.200 millones son católicos. Quiero decir con eso que la celebración de la Semana Santa y su significación profunda afecta a un contingente tan elevado de la humanidad, que toda ella resulta concernida.

Lo que hemos celebrado estos días es ese vuelco tan espectacular de la historia, gracias al cual se puso de moda el ser buena persona, el no pasar indiferente ante el sufrimiento ajeno; se puso de moda el tratarnos todos como hermanos, fuese cual fuese la patria y la condición de cada uno; se creó una nueva virtud, la caridad y fue elevada a la categoría más excelsa. ¿Recuerdan el lema de la revolución francesa en que sintetizaban todo su programa ideológico y político? “Libertad, igualdad, fraternidad”. Muy cristiano, claro que sí. Si no formasen parte de la cultura cristiana occidental, ni la revolución francesa, ni el socialismo, ni el comunismo, ni las Naciones Unidas con su Carta Fundacional de los Derechos Humanos, ni por supuesto la democracia, se hubiesen planteado la defensa de esas virtudes constitutivas del humanismo cristiano, y tributarias del cristianismo. El cristianismo, la religión cuyo líder es ese Jesús crucificado, cambió radicalmente el rumbo de la historia.

Lo más relevante del cristianismo, lo que aportó de más valioso para vencer los males del mundo (nos recordaba el Papa Francisco en el Vía Crucis), fue la cruz, símbolo de la capacidad de encajar los sacrificios y los sufrimientos, sobre todo cuando contribuyen a la edificación propia y a la del prójimo. Frente al egoísmo y el hedonismo como normas supremas de conducta que nos ofrece el mundo, Cristo nos ofrece la cruz. Y fue esa cruz la que cambió el mundo. Sin la cruz, el mundo no llevaría estos 2.000 años de rumbo cristiano, tan diametralmente opuesto al romano (el mismo que el rumbo nazi, pero con menos complejos aún). Un rumbo que estamos perdiendo hoy de forma alarmante. Eso es lo que nos recuerda la Semana Santa no sólo a los 1.800 millones de cristianos, sino también al resto de la humanidad: “He ahí el árbol de la cruz, del que pende la salvación del mundo”, nos dice la liturgia del Viernes Santo. Y aunque sea de una forma muy borrosa e imprecisa, eso lo sabemos todos los que miramos a la cruz durante estos días de Semana Santa.

Es la enorme fuerza de la cruz (In hoc signo vinces) en todo su recorrido: el Vía Crucis, el camino de la cruz completo, escándalo para los judíos y locura para los gentiles. Ésa es la fuerza que ha cambiado el mundo. Pero largo, muy largo es el camino de la cruz, y los cristianos no alcanzamos su culminación. Por eso damos tantos pasos atrás. Por eso no reflejamos en nuestra conducta la imagen de Cristo. Por eso, también en la Iglesia, pecamos tanto. Pero ahí tenemos cada Semana Santa esa imagen viva de la cruz: no sólo en la liturgia oficial de la Iglesia, sino también en la paraliturgia nacida del pueblo y mantenida por el pueblo como uno de sus valores más entrañables. Las procesiones de Semana Santa mantienen viva la llama de la cruz en el pueblo fiel, y se ganan la admiración, el respeto y la emoción ¡incluso del pueblo infiel!

Si tuviésemos que valorar lo que hace por mantenernos viva la presencia y la memoria de la cruz la jerarquía eclesiástica con todo su clero, y lo que hacen las cofradías con sus increíbles pasos y con la riquísima vida, ¡finalmente religiosa!, que se mueve en torno a ellos, en algunas regiones de España la balanza se decantaría por la iniciativa popular. Mientras en las iglesias los ministros de la Palabra y de los Sacramentos se empeñan en suavizar el discurso de la Redención quitándole sangre y hierro, las hermandades y cofradías no ahorran la crudeza de las imágenes, el desgarro de las saetas y el sacrificio de los costaleros. Es que están mucho más cerca de la filosofía de la cruz.

Menos mal que Dios asiste a su Iglesia mandándole uno tras otro Papas santos, claros y valientes defensores del depósito de la fe. El Papa Francisco, en el primer Vía Crucis de su pontificado, proclamaba a este mundo en descomposición una palabra santa, capaz de devolverlo a sus antiguos valores: la cruz. Es la palabra con la que Dios respondió al mal del mundo; una palabra que es amor, misericordia, perdón. La palabra de la cruz es también la respuesta de los cristianos al mal que continúa actuando en nosotros y a nuestro alrededor. Los cristianos deben responder al mal con el bien, tomando sobre sí la cruz, como Jesús. Son frases entresacadas de su breve discurso. Excelente ayuda del Papa para hacer entender a todo el mundo qué es lo que hemos estado celebrando con la Semana Santa.

Cesáreo Marítimo

5 comentarios:

  1. Muy interesante lo que dijo Benedicto XVI.
    http://soycurayhablodejesucristo.wordpress.com/2013/03/31/por-que-la-resurreccion-de-jesus-es-el-centro-de-todo-joseph-ratzinger-benedicto-xvi-habla-de-la-resurreccion/comment-page-1/

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  2. Roca Plana dels Llamps4 de abril de 2013, 1:06

    "La escenificación y la liturgia que acompañan a la palabra de esos clérigos son obviamente tan austeras (para evitar que los fieles desvíen la atención del brillo de su palabra dejándose impresionar por los oropeles litúrgicos); tan austeras son, que a menudo pecan de míseras; aunque el vulgo, tan colorista, a eso lo llama despectivamente “cutre”."


    Del llamado nacionalcatolicismo hay muchas imágenes, pero del nacionalprogresismo eclesial catalán, tan plasmado aquí en GG, no he visto imágenes representativas, excepto ésta que me parece que sí lo es.

    El la fotografía donde está la máxima representación del MNLNOE (movimiento nacional de liberación de las naciones oprimidas por España), y se corresponde, si la información es correcta, al lunes 26 de enero del 2004, en la que parece ser la sede central de ERC en Barcelona, en ocasión de la explicación de los contactos de Carod con la cúpula de ETA en Perpiñán. Carod aparece rodeado de la presencia de los diferentes frentes sociales del movimiento:

    - Josep-Lluís Carod-Rovira, Consejero en Jefe de la Generalidad de Cataluña
    - August Gil Matamala, abogado
    - Jordi Carbonell, presidente de ERC
    - Salvador Cardús, sociólogo
    - Rdmo. P. Dom Cassià Maria Just i Riba, OSB [Congregación Sublacense, HispCat], abad emérito de Montserrat (QDEP)


    Fue el nefasto año del 2004 (cuando éramos jóvenes).

    Primero vino el Tripartito de Carod-Maragall (y Mas como líder de la recién derrotada CiU, cayendo por primera vez del poder); el atentado del 11-M; Zapatero: Bambi, presidente por accidente; Rajoy, líder arrojado a una oposición casi a punto de desaparecer después del vilipendio de las manifestaciones del chapapote, de la guerra de Irak y del atentado del 11-M en Atocha. En el verano, vino el nombramiento de Sistach como arzobispo de Barcelona.

    Foto para guardar, hay sólo tres o cuatro en la red y ésta es la única completa, que sepa:
    picasaweb.google.com/lh/photo/CZOcxHWRdo2f8PakqlmdUF7v-ykjx3DR5DxMbRv0EAs

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  3. Muy buen artículo. Gracias.

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  4. Algunos Ministros del altar tendrían que darse cuenta de la realidad. Los fieles están cansados de tanta palabra, de tanta cátedra vacía de contenido y mirar más hacia el Misterio que se realiza en el altar; cuidar la liturgia por respeto a los que se está realizando y por respeto a los fieles, que ellos no van a ver y conocer el protagonismo del celebrante sino el Misterio de Dios y que se les acerque con todo la veneración a dicho Misterio. Los fieles tienen todo el derecho. Si no, mejor que estos pésimos sacerdotes se dediquen a otra cosa que los fieles ya se reunirán frente al Sagrario para rogar por unos y por otros; así no estará solo el Señor.

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  5. Sr. Cesáreo Marítimo, usted en el articulo de esta semana, con el titulo "QUE HEMOS CELEBRADO", se ciñe pràcticamente al Viernes Santo.

    Usted nos dice: "El cristianismo, la religión cuyo líder es ese Jesús crucificado, cambió radicalmente el rumbo de la historia."
    Pero resulta que ese líder es ni más ni menos que el Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, y que que llegado la plenitud de los tiemplos, asumió nuestra pròpia naturaleza, para liberarnos de la esclavitud del pecado y hacernos hijos de Dios y herederos de la felicidad eterna.

    Aparte,creo que no se puede despegar el Viernes Santo, de lo que forma un conjunto muy bien estructurado litúgicamente, que va desde la última Cena del Señor, con la institución de los sacramentos de la Eucaristia y el Sacerdocio, hasta la noche santa de la Vigilia Pascual.

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