miércoles, 27 de marzo de 2013

Capítulo 17: Jueves Santo

Misa Crismal en San Juan de Letrán
Los libros litúrgicos a este día consagrado principalmente a conmemorar la institución de la Eucaristía lo llaman feria quinta in Coena Domini. Tal nombre era común en África e Italia a principios del siglo V. En cambio el calendario de Polemius Silvius lo señala con la rúbrica Natalis calicis (Nacimiento del Cáliz) para el día 24 de marzo. Esta fecha y esta expresión la encontramos también en Avito de Vienne, Eligio de Nyon y al parecer era común en la Galia meridional de los siglos VI y VII, y se explica por la idea entonces asentada, que consideraba el 25 de marzo fecha de la muerte del Señor y el 27, día de su Resurrección.

La liturgia del Jueves Santo, expresada en el Oficio y en el formulario dela Misa, une el recuerdo de la institución de la Eucaristía y los luctuosos episodios que inmediatamente después dieron inicio a la Pasión de Cristo, es decir la oración y agonía en el Huerto de los Olivos y, sobretodo la traición de Judas; muchas iglesias de hecho llamaban a este día “dies traditionis”. En esta misma jornada, desde la más remota antigüedad, se cumplían dos ritos especiales: la reconciliación de los penitentes y la consagración de los Santos Oleos en vista de la bendición de las fuentes bautismales y de la confirmación de los neófitos en la Vigilia Pascual.

a) El Oficio de Tinieblas
El Oficio de Lecturas nocturno de estos tres días finales de la Semana Santa lleva por nombre matutina tenebrarum porque concluye con las luces apagadas. Según el Ceremonial de los Obispos se comenzaba hacia las tres de la mañana pero en un origen se recitaba a partir de la medianoche media nocte surgendum. Hacia el siglo XIII-XIV, para facilitar la participación del pueblo que sentía una predilección especial por estas funciones sagradas, se anticipó a la tarde anterior de sero, hora competenti (a una hora conveniente de la tarde). Es decir que se anticiparon poco a poco los horarios de los oficios. La tarde del miércoles santo ya se cantaba el Oficio de Lecturas del Jueves. Por lo cual, y aún lo recordaran los más ancianos, antes de la reforma de la Semana Santa de Pío XII la misa de la Cena del Señor tenía lugar por la mañana.

La característica más importante del Oficio es la austeridad y simplicidad de los ritos: sin versículos introductorios, ni Gloria Patri, sin saludos, sin bendiciones: es un autentico oficio de lecturas meditado como en los tiempos primitivos de la Iglesia romana. De hecho las fórmulas introductorias y los saludos y bendiciones en el Oficio divino fueron introducidos por San Gregorio Magno, y los himnos lo fueron en el siglo XII. La distribución de lecturas es como la que recuerda San Benito en su Regla: en tres nocturnos, el primero para el A.T., el segundo para los sermones patrísticos sobre la Escritura y el tercero para las Epístolas paulinas. Nótese la importancia de la conclusión (clausula) de las Lamentaciones de Jeremías: “Jerusalem, Jerusalem, convertere ad Dominum Deum tuum” (Jerusalén, Jerusalén, conviértete al Señor tu Dios). En el siglo XII se introdujo ya tardíamente ese famoso y muy popular salmo Miserere  al final, cantado después del Padrenuestro, que ha inspirado  tantas composiciones musicales, y que en tiempos más antiguos era recitado en silencio (Durando refero)

Tenebrario
La maravillosa serie de textos litúrgicos que evoca el ensañamiento de los enemigos de Cristo contra Él y la perfidia de la traición de Judas, es la causa de la saludable y eficaz impresión de tristeza que, más que otros artificios exteriores antaño desconocidos para la severidad de la liturgia romana, se suscita en el ánimo de los fieles. A destacar los responsorios, obra maestra de la liturgia de la Iglesia Romana. 

Un especial protagonismo adquiere un característico candelabro (hericia, saetta, tenebrarium…) triangular con quince cirios que se apagan sucesivamente al final de cada salmo,  a excepción del último que se esconde detrás del altar. Esta ceremonia, en la  Roma del siglo VIII era usada tanto Viernes como Sábado Santo, pero no el Jueves, que era un día de luz y no de tinieblas. Hay que ver en este rito un signo de luto y tristeza, símbolo de la muerte de Cristo y de la oscuridad acaecida a la hora de nona, hora de la muerte del Señor. El dejar el último cirio encendido era un signo de la esperanza que los creyentes cobijan de ver resucitar al Señor, pero también un medio práctico y modesto de iluminar los pasos de los que están en el altar.

b) Las tres misas antiguas
El Sacramentario Gelasiano contiene tres Misas para el Jueves Santo: la primera para la reconciliación de penitentes cuyo rito desde el año 416 servía como Misa de los Catecúmenos. La segunda llamada crismal para la consagración de los Santos Óleos y la tercera, al atardecer, en memoria de la institución de la Eucaristía y la traición de Judas. En esta última se solía recibir la comunión sin ayuno. El Gregoriano y los Ordos antiguos sólo conocen la Misa Crismal para este día que se celebraba hacia la una del mediodía y con un fuerte carácter festivo, de blanco, con Gloria, y con el ceremonial de las grandes solemnidades festivas.
 
Carraca
Después del canto de Gloria comienza el silencio “de los sagrados bronces”: el uso de las campanas es sustituido por el uso de la tabula (crepitáculum, crótalo, carraca…): un instrumento de madera que suple el servicio de las campanas, tal como se usaba en los monasterios cuando un monje agonizaba o se lavaban los pies a un huésped.
En la Misa de Jueves Santo la participación de los fieles era general y todos participaban de la Comunión y una parte de la oblata consagrada por el Papa era llevada a todas las iglesias de Roma (Tituli). Este era uno de los días en que era de precepto comulgar. Y aunque el Concilio Lateranense de 1215 redujo la obligación de comulgar a sólo la Pascua, el pueblo fiel ha mantenido la piadosa costumbre de mantenerla para este día.
c) La bendición de los Santos Óleos.
Misa Crismal en la concatedral de Alicante
La Consagración de los Santos Óleos que tiene lugar durante el Pontifical de la Mañana (y que en tantos lugares han desplazado a otro día de la semana, pues es potestativo hacerlo según el misal de 1970), aunque no es de origen apostólico sí que se remonta a la más alta antigüedad. Al parecer en un origen el obispo consagraba el crisma y el óleo de catecúmenos justo antes de bautizar. El de enfermos era bendecido por el sacerdote en las misas ordinarias cuando era necesario para los fieles. Fue a mitad del siglo VI cuando empezaran a bendecirse los tres juntos, en algunas partes el Sábado Santo, en otras el domingo de Ramos. Finalmente se estableció para el Jueves Santo, ultima misa antes de la noche bautismal de la Vigilia Pascual. En la tradición romana era uno de los ritos más solemnes y aún hoy en día mantiene el antiguo esplendor: 12 sacerdotes todos con casulla, 7 diáconos todos con dalmática: es un recuerdo de la antigua y real concelebración que en la Edad Media tenía lugar en esta misa crismal. Posteriormente la cooperación del clero en la bendición se redujo casi a la mínima expresión: nula para el de enfermos y reducida a la exhalación del aliento sobre los vasos y al saludo reverencial hacia ellos. La reforma del misal de 1970 intentó recuperar una mayor intervención del presbiterio.

El modo de consagración, el momento en que tiene lugar, las fórmulas utilizadas han variado muchísimo en el trascurso de los siglos y en los diversos lugares: muy antiguo era el saludo “Ave, Sanctum Chrisma!” con que el clero presente saludaba haciendo genuflexión y, más tarde, besando la gran crismera. El Crisma se consagraba y los otros dos óleos se bendecían. Importantísima la procesión desde la sacristía para transportar las crismeras y el canto del himno de Venancio Fortunato “O Redemptor, sume carmen” (Oh Redentor, acoge el canto…) una de las más bellas y antiquísimas melodías gregorianas.  

d) El Monumento y los ritos conclusivos.
Monumento en Murcia
El celebrante en este día de la Missa in Coena Domini debía consagrar dos hostias, una de las cuales sumía y la otra reservaba. Este uso, debido a que el Viernes Santo es un día alitúrgico, es antiquísimo. Y se debían reservar las dos especies eucarísticas: pan y vino. A partir del siglo XII se prohibió reservar el cáliz. La Eucaristía se reservaba en el sagrario habitual en la sacristía, pero a partir del siglo XI se observa una radical innovación: se traslada a la iglesia, sobre un altar en un lugar preparado adrede, y su traslado se lleva a cabo procesionalmente y con cierta pompa. En Roma se hacía así ya en el siglo XII. Poco a poco el ceremonial se va enriqueciendo: el canto del Pange lingua, la pequeña píxide que entonces era corriente es sustituida por un copón. En simbolismo medieval de ese altar cada vez va representando más la tumba del Señor, el monumentum, y se llena de flores y velas, quedándose a velarlo los fieles día y noche hasta la mañana de Pascua.  Excepto esta última característica, el velatorium debe concluir a medianoche, esa es la praxis actual, repetida por los liturgistas medievales hasta la saciedad: representar la deposición del cuerpo del Señor en el sepulcro.

Depuesto el Reservado en el Monumento se recitaban vísperas en el Coro, aunque esta práctica fue posterior, ya que en la primer antigüedad las vísperas eran omitidas. Después se procedía a la denudación de los altares. No es improbable que esta práctica recordase la antigua costumbre de quitar los manteles, acabada la misa. Junto a esto se solía lavar los altares con agua y vino: el simbolismo de místico homenaje fúnebre a Cristo, representado en el Altar, se unía al hecho práctico de preparar la sacra mensa para la Pascua. Añadir la antífona Diviserunt sibi (Se repartieron mis ropas…) con el salmo 21 mientras se quita el mantel para lavar el altar posteriormente con vino y un poco de agua disuelta, es un rito muy tardío, así como añadir al final el versículo Christus factus est (Cristo se hizo obediente) y un padrenuestro.

El mandatum o lavatorio de los pies, que a ejemplo de Cristo el obispo hace a doce pobres o doce sacerdotes, era ceremonia común en la Edad Media, aunque integrada en momentos diversos, dentro o después de la misa, cantando un himno o sin cantar nada. El hermoso himno Ubi charitas es veronés de procedencia y fue compuesto en el siglo IX, pero la melodía por su simplicidad y belleza es un precioso legado de los primitivos cantos cristianos.

Dom Gregori Maria

5 comentarios:

  1. me gustaria tener una camara web que siguiera a la Forcades estos dias de pascua... pero no la tenemos. No se preocupen la tiene Dios, que no es el buenon pasota perdonatodo que estos endemoniados progres eclesiales nos venden, con los listos de Boff y de Betto brasilerietes figurando... bien forrados, por supuesto.

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    1. ¡¡Qué exabruptos echa el Sr.Alejandro Fez. Me parece que afirmar "el buenon pasota perdonatodo,decir estos piropos de "endemioniados progres eclesiales...listos de Boff y de Betto brasilerietes.....
      No sé si procede ser tan ordinario y en el día de Jueves Santo, día de la Caridad, soltando este vocabulario hiriente expresión quizá de su mala digestión.No digo otra palabra.
      Le dejo este acróstico de su corto apellido:
      FUSTIGANTE
      ESPERPENTO
      ZAHIRIENDO.
      No creo que este primer comentario de su boca, responsa al tema brillante de la litiurgia que nos ofrece de forma tan brillante Dom Gregori Maria. P.Fermí

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    2. Es cristiano el Sr. Fez? Decir semejantes barbaridades en Jueves Santo me lo hace dudar. Y publicar este comentario - por más democracia que haya - lo considero muy negativo. El insulto, venga de quien venga, no se puede tolerar.

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    3. Qué tiene que ver el magnífico artículo con el pésimo y vulgar comentario del Sr. Fez?

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  2. Dom Gregori Maria, gracias por esa bella exposición histórica de la Solemnidad del Jueves Santo.

    Una curiosidad, si en los siglos VI y VII, se consideraba el 25 de marzo, fecha de la muerte del Señor y el 27, día de su Resurrección, ¿por qué no se dejó en fecha fija y no movible de acuerdo con el plenilunio de primavera?

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