viernes, 8 de febrero de 2013

Capitulo 11: La Epifanía

El nombre griego de esta fiesta (Epifanía o Θεοφάνεια) indica de manera directa su origen oriental. La primera noticia de ello nos la da San Clemente de Alejandría (+215), afirmando que la secta gnóstica de los Basilidianos celebraba en este día el nacimiento y el bautismo de Jesús. Esa secta herética afirmaba que sólo en el momento del bautismo la divinidad se había unido a la humanidad de Cristo. Por esa razón pues, el cómputo del verdadero nacimiento divino de Jesús, tenía que empezar en ese momento. Que una memoria de tal tipo fuese celebrada en alguna iglesia cristiana de oriente no es imposible, aunque debió ser una fiesta secundaria. Orígenes en la lista de las fiestas cristianas en su obra contra Celso no hace ninguna mención. Por el contrario, por la Passio Sancti Philippi sabemos que en la ciudad de Heraclea Síntica en la Tracia (actual Bulgaria), en el año 304 la Epifanía era considerada dies sanctus. Sin embargo podemos afirmar con certeza que en el objeto primario de esta solemnidad en Oriente era la Natividad. Sólo a partir del siglo IV cuando en Occidente fu introducida la fiesta del 25 de diciembre, el recuerdo del Bautismo pasó a primera línea. En efecto, en los antiguos calendarios coptos la Epifanía es llamada Dies baptismi sanctificati o Immersio Domini. En este día eran bautizados los catecúmenos, de ahí el nombre de día de la luz con que la calificaron los Padres Griegos. El carácter bautismal de la Epifanía en Oriente influyó en el carácter bautismal que después, con la introducción de la celebración del 25 de diciembre en Occidente, adquiriera la vigilia de Navidad en el rito hispánico.

Descripción: theophany2
Θεοφάνεια oriental
 De Oriente la fiesta de la Epifanía, como un contrapunto de Navidad, pasó a Occidente hacia la mitad del siglo IV, quizás a través de las Galias. Los primeros vestigios los encontramos allí. El escritor pagano Amiano Marcelino, encontrándose con Juliano el Apóstata en Vienne a mitad del siglo IV afirma haber asistido al oficio que los cristianos en el mes de enero llaman Epifanía. El Concilio de Zaragoza del 380 la conoce como fiesta precedida de un ayuno. San Agustín ha dejado 6 sermones para este día. Pero resulta más que seguro que la mayor parte de las Iglesias de Occidente al aceptar esta fiesta no entendieron celebrar el bautismo del Señor, como los orientales, sino la Manifestación a los Magos ( primitiae Gentium) en su visita al Niño, como Señor y Rey de todas las naciones de la tierra. Los monumentos del arte cristiano representando a los Magos con el Niño demuestran la prevalente importancia de este misterio en la mentalidad de la época. Por otra parte, si bien San Agustín o San León, así como el Gelasiano consideran que el único objeto de la fiesta es la conmemoración de los Magos, San Ambrosio habla de dos teofanías más: la del bautismo y la de las Bodas de Caná. Y con él, San Paulino de Nola y San Máximo de Turín. Esta complejidad de conmemoraciones teofánicas de influencia oriental, quieren expresar una gran idea religiosa: las bodas místicas de Cristo con la Iglesia, por medio de las cuales Ella adquiere una fecundidad espiritual tal, de poder engendrar en el Agua y el Espiritu a los hijos de Dios. La idea de los sagrados esponsales hizo entrar a las bodas de Caná en el objeto de la fiesta, considerando la conversión del agua en vino un prototipo de la Eucaristía. En las Galias se agregó el gran milagro de la multiplicación de los panes. La antífona romana del Benedictus, en las Laudes, tiene ese sabor greco-siriaco que tan bellamente expresa la idea nupcial epifánica: Hodie ceolesti Sponso iuncta est Ecclesia, quia in Jordanis lavit Christus ejus crimina; currunt cum muneribus Magis ad regales nuptias, et ex aqua facto vino laetantur convivia .( Hoy la Iglesia se ha unido a su Celeste Esposo porque en el Jordán hoy Cristo ha lavado sus crímenes: se apresuran con sus ofrendas los Magos a las bodas reales, y se regocijan en el banquete con el agua convertida en vino.) Todo esta dicho.

La conversión del agua y la multiplicación de los panes
Tanto en el modo extraordinario (misal 1962) como en el ordinario del rito romano (misal 1969-70), en los domingos posteriores a la Epifanía están presentes las perícopas evangélicas de esas teofanías.

Como Navidad, la Epifanía tenía una solemne vigilia nocturna. El Papa la celebraba en San Pedro con doble oficio, el segundo de los cuales, como advierte el XI Ordo romanus, comenzaba con la antífona Afferte, omitiendo el invitatorio, junto con el versículo inicial del himno, que eran desconocidos para el oficio romano primitivo. Tal es aún el uso actual; el salmo 94, Venite exultemus, se canta en el tercer nocturno, antifonándolo, es decir, intercalando, según la costumbre antigua, a cada uno o dos versículos la antífona del salmo. Muchas iglesias leían en este mismo nocturno los evangelios relativos a los tres acontecimientos conmemorados en este día. “ Tria sunt evangelia huius solemnitatis — dice Durando — unum de baptismo , véase el “Factum est ”; secundum de Magis , veáse. « Cum natus esset Iesus »  que se dice en la misa… tertium est de nuptiis. Otras añadían aún un cuarto, la genealogía de Jesús según San Lucas. Los textos del oficio y de la misa de esta solemnidad están en gran parte dirigidos a conmemorar y celebrar la venida y las ofrendas de los Magos. En particular, la colecta, desconocida para el Gelasiano, se debe probablemente a la pluma de San Gregorio Magno; la bella secreta ( Te rogamos, Señor, mires propicio los dones de tu Iglesia, en los que ya no se ofrece oro, incienso, ni mirra, sino lo que con estos mismos dones se significa, se inmola y se recibe, Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro. El cual vive y reina contigo… ) es una de las pocas fórmulas mozárabes entradas en la liturgia romana; el texto especial del Communicantes: Diem sacratissimum celebrantes, quo Unígenitus tuus in tua tecum gloria coaeternus in veritate carnis nostrae visibiliter corporalis apparuit , (…en que tu Unigénito, coeterno contigo en la gloria ha aparecido corporalmente visible en la verdad de nuestra carne…) que parece aludir a las herejías maniqueas de los siglos IV-V, poniendo en antítesis la preexistencia del Verbo en la gloria paterna de la eternidad y su aparición temporal en la realidad de la humanidad asumida sobre el cuerpo aparente de Cristo, debía originariamente haber sido para Navidad. El Gelasiano la había adaptado a la Epifanía introduciendo una alusión a los Magos, que después fue suprimida en el Gregoriano. Las otras dos teofanías encuentran apenas una alusión en el himno abecedario de Sedulio Crudelis Herodes Deum , cuya primera parte A solis ortus cardine es cantada en las laudes de Navidad y en pocos responsorios y antífonas, entre las cuales la cuarta de las laudes y vísperas, Maria et flumina , y la del Benedictus “Hodie caelesti Sponso”, que he citado anteriormente. El bautismo de Cristo fue conmemorado el día de la octava, introducida durante el siglo VIII.

El Pontificale Romanum prescribe que en la misa del día de la Epifanía, cantado el evangelio, el archidiácono, vestido de pluvial, anuncie al pueblo desde el ambón la fecha de la Pascua y de las otras fiestas movibles del año. Esta costumbre se relaciona con la práctica de los primeros siglos cristianos, cuando desde Alejandría, desde donde eran más especialmente cultivados los estudios astronómicos, se mandaban a todas las iglesias de la cristiandad las llamadas Lettere festali, en las cuales se indicaba la fecha precisa de la Pascua. Fue el concilio de Nicea (325) que confirió al patriarca de la Metrópolis egipcia este encargo, entonces tan importante y que parece lo tuviesen ya sus antecesores. La colección de las cartas festales de San Atanasio, descubiertas por Cureton en 1848, nos trae ejemplos interesantes de las fórmulas usadas en esta ocasión. Ya en el siglo V en las iglesias de España el anuncio de estas fiestas se hacía en la misa del día de Navidad inmediatamente después del evangelio. Dom Marius Férotin, en su Liber Ordinum recoge una fórmula que puede remontarse hasta el 450.

En cambio, en la Galia, y en Italia, en Aquileya, Milán y Roma, se anunciaba la Pascua en la fiesta de la Epifanía, como está todavía en uso en la Iglesia latina.

Otro rito propio de la Epifanía es la bendición del agua que, en memoria del bautismo de Cristo, se celebra todavía hoy solemnísimamente por los griegos, y que en el pasado era realizada en muchas iglesias latinas de la Italia meridional, en la Magna Grecia, en el litoral véneto, en Aquileya y en la misma Roma. El rito había tenido, como ya refiere el itinerario de Antonino de Piacenza alrededor del 570, un origen palestinense. En el día de la Epifanía, el pueblo con el clero acostumbraba ir al Jordán, al lugar, indicado por un obelisco señalado con una cruz, donde Jesús había recibido el bautismo. Los fieles echaban en las aguas sagradas vasos llenos de bálsamo, y después el obispo administraba el bautismo a los catecúmenos. El formulario adoptado para esta función, en la mayor parte de las iglesias arriba indicadas, no tenía nada de común con el texto oficial de la iglesia bizantina; solamente imitaban el rito griego de sumergir en el agua la cruz. Wilmart, que ha publicado una antigua recensión (s.IX-X), en uso, según parece en una iglesia italiana, hace notar la característica epíclesis contenida en ella : Tu Jordanis aquas sanctificasti hodie, e coelo mittens Spiritum tuum sanctum… Tu ergo, piissime Rex, adesto nunc per adventum sancti tui Spirítus et sanctifica aquam istam. La bendición se terminaba con el Te Deum.

El agua de la Epifanía, como la de la vigilia pascual, era llevada a las casas de los fieles y estimada, dice un ritual antiguo, tamquam thesaurus nobilissimus (como nobilísimo tesoro)

Una octava de la Epifanía se celebraba ya en el siglo IV en Jerusalén. La Peregrinatio nos da amplios informes. El segundo o tercer día se decía la misa en la iglesia del Gólgota; el cuarto, in Eleona , la iglesia del monte de los Olivos; el quinto, in Lazariu , en Betania; el sexto, en la iglesia del monte Sión; el séptimo, en la Anástasis; el octavo, ad Crucem. Ac sic ergo per octo dies haec omnis iaetitia et is ornatus celebratur in ómnibus locis sanctis quos superius nominavi. En Belén se hacia lo mismo. En Occidente, la octava de la Epifanía no aparece en los libros litúrgicos antes del siglo VIII. En Roma, en cambio, debía de existir mucho antes un triduo estacional inmediato a la Epifanía, porque de estas tres ferias (segunda, tercera y cuarta) el leccionario de Wurzburgo nos ha transmitido las perícopas escritúrales, y es probable que entonces también formaban parte las evangélicas (bautismo de Jesús, bodas de Cana), actualmente distribuidas en la octava y en la dominica sucesiva. Según el XI Ordo (s.XII), los maitines de los días del octavario tenían en San Pedro solamente tres salmos y tres lecciones, mientras que, por lo que refiere el Ordo Bernhardi card ., en la basílica lateranense se repetía el oficio de la fiesta, pero iniciándolo con el invitatorio Christus apparuit nobis . El día de la octava, por evidentes influencias bizantinas, se quiso celebrar la conmemoración del bautismo de Cristo en el Jordán, que en las liturgias del Oriente tenía especial importancia. Se le dedicaba, en particular, el oficio nocturno, ya dejado, pero que en tiempo de Durando se recitaba en muchas iglesias. En Roma, en el siglo XII, el antifonario de San Pedro observa que en los maitines se repetía aquello de la Epifanía, pero todas las antífonas de las laudes son conmemorativas del misterio bautismal de Cristo; éstas estaban ya en uso en tiempo de Carlomagno. En la misa actualmente apenas se alude en las perícopas evangélicas, pero el leccionario de Murbach (s.VIII) indica en origen también una lección de Isaías (12:3-5) alusiva a las aguas milagrosas brotadas en el desierto. Las tres oraciones se encuentran en el Gelasiano, pero no como propias de la octava, que no conoce todavía, sino entre aquellas de recambio asignadas a la fiesta de la Epifanía.

Dom Gregori Maria

3 comentarios:

  1. Gracias a Dom Gregori Maria, por explicarnos cada semana la historia de una fiesta determinada. Lo que no llego a comprender la razón de la existencia de los dos ritos, en oriente y occidente, que el latino o romano, el que nosotros profesamos.

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  2. Amigos de Germinans, cuando a menudo se plantean en estas páginas las cualidades que deben adornar a un obispo, me vienen a la mente las bellísimas y documentadas exposiciones de Dom Gregorio Maria.Hilvana con maestría la historia de la liturgia, con la teología litúrigica (sacramental), con la doctrina de los Concilios y de los Padres. Parafraseando la Carta de san Pablo a los Corintios del día de hoy, esa es la fe "que yo os he transmitido".

    Ningún obispo, ninguno, desgraciadamente de esos que van a reunirse un día de éstos en Tiana, muestra en sus epístolas dominicales la misma seriedad y rigor. Fíjense en la estupidez de la nota que recoge la Hoja Dominical: "...tindrà lloc la reunió núm. 205 dels bisbes amb seu a Catalunya que conformen la Tarraconense, com a espai de comunió i de coordinació de l´acció pastoral a les diòcesis catalanes". Ni una vez la palabra Cristo, ni Iglesia, en cambio hasta tres veces la referencia territorial. Lo importante es que se trata de obispos con sede en Cataluña, que ya llevan no sé cuantas reuniones y que van a ocuparse de Cataluña. ¿Han perdido la chaveta?

    He roto el Full y he vuelto a leer el comentario sobre la Epifanía y su celebración en la historia de la Iglesia. Iglesia Universal.

    Gracias, Dom Gregorio Maria. No desfallezca, por favor.

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  3. Artículos como este me hacen estar enganchado a G.G. Un 10 con mayúsculas dom Gregori.

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