viernes, 11 de enero de 2013

Capítulo 7: El Oficio y las Misas de Navidad (y II)

San Sixto III, fundador del oficio natalicio en Santa Maria-la Mayor
El primitivo Oficio nocturno de la fiesta de Navidad se cantaba, como se dijo, en San Pedro. Aún era así en el siglo IX, pues Amalario lo atestigua dando cuenta también del otro Oficio instituido por Sixto III que el Papa celebraba en Santa María-la Mayor. Más tarde la solemne estación diurna se trasladó de San Pedro a Santa María-la Mayor y allí, en la basílica liberiana se celebraba el antiguo oficio natalicio. El Papa llegaba durante la mañana precedente con los colegios de clérigos y la familia palatina para cantar después de nona, la misa de la vigilia. Por la tarde, al ponerse el sol, incipiente nocte, comenzaba la gran solemnidad nocturna natalicia, con el canto del primer Oficio, aquel compuesto por Sixto III, cantado por el clero sin el Papa, compuesto de tres salmos y cinco lecturas sin salmo Invitatorio. En la cuarta lección se reprochaba a los hebreos no haber querido reconocer al nacido Mesías, y por responsorio se cantaban los versos sibilinos: “ Judicii signum, tellus sudore madescet” (Este será el signo del juicio: la tierra empapada de sudor) en los que la Sibila reprocha al pueblo obstinado su infidelidad al Señor. Fue el origen remoto del famoso canto de la Sibila que más tarde, a partir del siglo XII y XIII y hasta su prohibición por las normas litúrgicas del Concilio de Trento se popularizará en lengua vernácula como canto y drama paralitúrgico en las catedrales de Valencia, Mallorca, Barcelona y otras así como en muchas colegiatas.

Canto de la Sibila en Mallorca, empuñando la espada del juicio final
Hacia medianoche , adpropinquante gallorum cantu (acercándose el canto del gallo) mientras el pueblo se concentraba en masa en la basílica, el Papa bajaba al Oratorio del pesebre para cantar la misa, acabada la cual, entonaba el segundo Oficio que se abría con el salmo Invitatorio y que era mucho más solemne que el primero.

Digna de mención era una curiosa ceremonia que tenía lugar durante el II Nocturno: el Pontífice bendecía una espada de empuñadura de oro y un sombrero a manera de yelmo, forrado de terciopelo carmesí, con la simbólica paloma bordada en medio del mismo, que después mandaba como regalo a algún ilustre soberano, príncipe o líder ilustre. Si estaba presente en Roma, intervenía en el Oficio y vestido con sobrepelliz y capa pluvial blanca, cubierto con el yelmo en la cabeza y la espada desenvainada, leía en el ambón la V lectura del Sermón de Navidad de San León Magno ( In quo conflictu pro nobis inito- Por llevarnos en este conflicto) Si se trataba del Emperador, leía la VII del Evangelio de San Lucas 2,1 ( Exiit edictum a Caesare Augusto - Salió un edicto de Cesar Augusto). Pero antes de iniciar la lectura y de pedir la bendición ritual para ello, se acercaba al trono pontificio y desenvainando el estoque, tocaba con él tres veces el suelo en señal de sumisión al Papa y otras tres veces los enarbolaba para simbolizar que estaba pronto a socorrerle si era necesario.

Esta extraña costumbre, en uso también en Rouen, entró en el ceremonial de la Capilla Papal en 1368 cuando Urbano V mandó el estoque y el sombrero a la reina Juana I de Nápoles.

En Roma los dos oficios natalicios convivieron hasta el siglo XII, el Antifonario de San Pedro de esa época reporta los textos relativos. Después del exilio de Aviñón el primer oficio fue suprimido y transferido a la octava (1 de enero) donde aún permanece en los libros litúrgicos de 1962. El segundo fue colocado antes de la Misa, separando las Laudes, recitadas acto seguido, tal y como prescribe la rubrica vigente hasta el Breviario de Juan XXIII.

En las iglesias fuera de Roma donde se cantaba un único Oficio nocturno, la vigilia comenzaba de buena mañana, como prescribe la regla de San Cesario (+542).Junto a la de Pascua, era la predilecta del pueblo, el cual la había embellecido de costumbres piadosas y expresivas. Se quería de esta manera, en todas las partes del Oficio Natalicio, acentuar con particulares ceremonias, el gozo festivo que traslucían las frases del texto litúrgico. En Uzés se cantaba dos veces de rodillas el salmo Invitatorio Christus natus est nobis, venite adoremus. En Tours todas las antífonas se repetían tres veces. En Langres a cada nocturno se incensaban todos los altares y los cantores. En todos los sitios los cantores de las lecturas y los responsorios debían ir mudados (capas rojas y sombreros, y bastones en las manos); los tropos y las prosas se multiplicaban complementando el texto sagrado, como si este no bastase a la piedad de los fieles.

Los salmos pertenecían al grupo de salmos mesiánicos y las lecturas todas de Isaías, y se leía el título sólo al iniciar la primera. El 4º responsorio O Magnum Mysterium…ut animalia viderent Dominum natum” hacía alusión a los dos animales, el buey y la mula, que una antigua tradición, expresada en el arte cristiano ya a mitad del siglo IV, pone a ambos lados de la cuna de Jesús.

La leyenda, que no tiene ningún fundamento en el Evangelio como ha recordado el Papa en su último libro, nació quizás de dos textos proféticos entendidos al revés. Uno de Habacuc 3,2 que en la versión griega de los LXX y en la Vetus Latina dice: “ In medio duorum animalium innotesceris” (En medio de dos animales fue dado a conocer) y que la Vulgata de San Jerónimo tradujo “O Señor en medio de los tiempos reaviva tu obra”. El otro es de Isaias 1,3:” Cognovit bos possessorem suum et asinus praesepe Domini sui” (El buey conoce a su dueño, y el asno, el pesebre de su Señor) cuyo sentido genuino viene explicado en el versículo siguiente: “Israel no me conoció y mi pueblo no ha entendido”- Israël me non cognovit et populus meus non intellexit ).

Las tres lecturas evangélicas del III Nocturno estaban en el pasado rodeadas de especial solemnidad: eran cantadas por tres diáconos distintos, uno con dalmática blanca, otro con verde y el tercero con roja. Acabado el responsorio 9º, un gran número de Iglesias, aunque no la Romana, leían el principio del evangelio de San Mateo: la Genealogía de Jesucristo. Después del cual se cantaba la antífona “O mundi Domine” (Oh Señor del mundo) y se cantaba el Te Deum comenzando acto seguido la Misa del Gallo.

Dom Gregori Maria

3 comentarios:

  1. Mi cordial, sentida y sincera felicitación por este escrito y por todos los que se escriben todos los sábados dedicados a la liturgia. Practicamente son los únicos que valen la pena.

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  2. "El otro es de Isaias 1,3:” Cognovit bos possessorem suum et asinus praesepe Domini sui” (El buey conoce a su dueño, y el asno, el pesebre de su Señor)."


    Parece lógica la existencia de estos dos animales en el pesebre, por la existencia de una tradición, de una base bíblica y de la propia lógica del contexto social y del nacimiento.

    El buey debía de estar en el establo porque era su lugar propio de estabulación por parte de su dueño.

    El asno o borrico debía ser, por necesidad, el mismo asno en que iba montada María, embarazada de Jesús, y guiado por José.

    Jesús, años más tarde, iría montado en un borrico en su entrada triunfal en Jerusalén.

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  3. La monja Forcades atribuye el cáncer de Chávez a su entrega política que ha puesto "en riesgo la vida biológica". ¿Esta mujer está bien de la cabeza?

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