viernes, 21 de septiembre de 2012

Las monjas y el "Informe sobre la Fe", del cardenal Ratzinger (1985)

Feminismo en el convento 

¿Cuál es la situación, pregunto, de ese mundo riquísimo y complejo (a veces un poco impenetrable a los ojos de un hombre, sobre todo si es laico), el mundo de las religiosas: es decir, hermanas, monjas y almas consagradas en general?

«En las comunidades religiosas femeninas —responde— ha penetrado también cierta mentalidad feminista.  Esta penetración resulta particularmente llamativa, incluso en sus formas más externas, en el continente norteamericano. Han resistido bastante bien las religiosas de clausura, las órdenes contemplativas, sin duda porque se hallaban más al abrigo del Zeitgeist, el espíritu del tiempo, y porque se caracterizan por un ideal preciso e inmutable: la alabanza de Dios, la plegaria, la virginidad y la separación del mundo como signo escatológico.  En cambio, atraviesan una grave crisis las órdenes y congregaciones de vida activa.

El descubrimiento de la profesionalidad, el concepto de “asistencia social”, que ha venido a sustituir al de “caridad”, la acomodación, con frecuencia indiscriminada y entusiasta, a los nuevos valores, hasta ahora desconocidos en la moderna sociedad secular, la penetración en los conventos, a menudo sin filtro de ninguna clase, de psicologías y psicoanálisis de las más variadas tendencias, ha conducido a dolorosos problemas de identidad y a la pérdida de aquellas motivaciones que justificaban la vida religiosa para muchas mujeres. En América, los tratados espirituales de un tiempo han sido sustituidos por manuales de psicoanálisis de carácter divulgador; la teología cede con frecuencia su lugar a la psicología, incluso a la más corriente.. A esto hay que añadir la fascinación casi irresistible que ejerce todo lo oriental o que por tal se tiene: en muchas casas religiosas norteamericanas, la cruz ha sido reemplazada, en ocasiones, por símbolos de la tradición religiosa asiática.  Han desaparecido también las devociones tradicionales, sustituidas por técnicas yoga o zen».

Se ha observado que muchos religiosos —hemos hablado de ello— han tratado de resolver su crisis de identidad proyectándose al exterior —según la conocida dinámica masculina—, con el propósito de “liberarse” en la sociedad o en la política. Muchas religiosas, en cambio, parecen haberse proyectado hacia el interior (siguiendo también en esto una dinámica vinculada al sexo), persiguiendo aquella misma “liberación” a través de la psicología profunda.

«Sí —dice—; se acude con extrema confianza a esa especie de confesores profanos, de “expertos del alma” que serían los psicólogos y psicoanalistas. Pero todo lo que éstos pueden decir es cómo funcionan las fuerzas del espíritu, pero no por qué o con qué finalidad.  Ahora bien, la crisis de muchas religiosas se caracteriza justamente por el hecho de que su espíritu parece moverse en el vacío, sin una orientación reconocible. De este trabajo de análisis ha resultado claro que el “alma” no se explica por sí misma, que tiene necesidad de un punto de referencia exterior.  Casi una confirmación “científica” de la apasionante experiencia de San Agustín: “Nos has hechos para Ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.  Este buscar y experimentar, confiándose no pocas veces a “expertos” improvisados, ha significado vivencias humanas insondables, a veces altísimas, para las religiosas: tanto para las que han permanecido fieles a sus votos como para las que han abandonado».

¿Un futuro sin monjas?

Existe un informe actualizado y minucioso sobre las religiosas de Quebec, la región del Canadá de habla francesa. El caso de Quebec resulta ejemplar: se trata de una región de Norteamérica colonizada y evangelizada por católicos, que construyeron allí un régimen de cristiandad, dirigido por una Iglesia omnipresente. En efecto, hace sólo veinte años, a comienzos de los años sesenta, Quebec era la región del mundo con el índice de religiosas más elevado en relación al número de habitantes, que son en total seis millones. Entre 1961 y 1981, a causa de abandonos, muertes y caída de las vocaciones, las religiosas se redujeron de 46.933 a 26.294. Un descenso del 44 por 100, y la tendencia parece imparable.  Las nuevas vocaciones se han reducido en el mismo período en un 98,5 por 100. Resulta, además, que buena parte del 1,5 por 100 restante se halla constituida por “vocaciones tardías”. A base de una simple proyección, todos los sociólogos están de acuerdo en una conclusión cruda, pero objetiva: «Dentro de poco (a menos que tengan lugar cambios de tendencia, del todo improbables, al menos desde un punto de vista humano), la vida religiosa femenina, tal como la hemos conocido, no será en Canadá más que un recuerdo».

Los mismos sociólogos que han preparado el informe describen cómo en estos últimos veinte años todas las comunidades han puesto en práctica toda suerte de reformas imaginables: abandono del hábito religioso, salario individual, estudios en universidades laicas, inserción en profesiones seculares, asistencia masiva de todo tipo de “especialistas”. Y. a pesar de todo, las religiosas han continuado saliendo, no han llegado las nuevas vocaciones, y las que han permanecido —con un promedio de edad en torno a los sesenta años— no siempre parecen haber resuelto sus problemas de identidad, y en algunos casos confiesan que esperan resignadas la extinción de su Congregación.

Sin duda era necesario el aggiornamento , incluso el más decidido; pero no parece haber funcionado en aquella parte de América del Norte a la que Ratzinger se refiere en particular. ¿Debe esto atribuirse a que, olvidando la advertencia evangélica, se ha querido poner “vino nuevo” en “odres viejos”, es decir, en comunidades nacidas en otros climas espirituales, hijas de una Societas christiana que ya no es la nuestra? En una palabra: el fin de una vida religiosa, ¿no significa el fin de la vida religiosa, que se encarnará en formas nuevas, adecuadas a nuestro tiempo?

El Prefecto no lo excluye con seguridad, aunque el caso ejemplar de Quebec confirma que las órdenes en apariencia más opuestas a la mentalidad actual y más refractarias a todo tipo de cambios, las órdenes contemplativas, las religiosas de clausura, «han sufrido, en el peor de los casos, algún que otro problema, pero no han conocido una verdadera crisis», según las palabras de los mismos sociólogos.

Como quiera que sea, según el cardenal, «si es la mujer la que paga un precio más elevado a la nueva sociedad a sus valores, las religiosas eran las que se hallaran más expuestas entre todas las mujeres».  Volviendo una vez más a lo dicho con anterioridad, observa que «el hombre, incluso el religioso, a pesar de los problemas que todos conocemos, ha podido buscar remedio a la crisis entregándose al trabajo, tratando de encontrar de nuevo su centro en la actividad.  Pero ¿qué ha podido hacer la mujer, cuando las funciones inscritas en su biología misma han sido negadas y hasta ridiculizadas; cuando su maravillosa capacidad de dar amor, ayuda, consuelo, calor, solidaridad, se ha sustituido por la mentalidad economicista y sindical de la “profesión”, esa típica preocupación masculina? ¿Qué puede hacer la mujer cuando todo lo que le es más propio es destruido y tenido por irrelevante y desorientador?»
Monasterio de Draguignan (Fréjus-Toulon)

Continúa: «El activismo, el querer hacer a toda costa cosas “productivas”, “sobresalientes”, es la tentación constante del hombre, también del religioso. Y ésta es precisamente la orientación que domina en las eclesiologías (hemos hablado de ello) que presentan a la Iglesia como un “pueblo de Dios” sumergido en la actividad, empeñado en traducir el Evangelio en un programa de acción destinado a conseguir “resultados” sociales, políticos y culturales. Pero no por simple azar tiene la Iglesia nombre de mujer.  En ella vive el misterio de la maternidad, de la gratuidad, de la contemplación, de la belleza; en una palabra, de los valores que parecen inútiles a los ojos del mundo profano. 

La religiosa, sin darse plenamente cuenta de las razones, advierte el malestar profundo que produce vivir en una Iglesia en la que el cristianismo se reduce a una ideología del hacer, según aquella eclesiología tan crudamente machista, que se presenta sin más —y a menudo se acepta— como la más cercana a las mujeres y a sus exigencias “modernas”. Pero éste es un proyecto de Iglesia en el que no hay lugar para la experiencia mística, esa veta de la vida religiosa que, entre las glorias y las riquezas ofrecidas a todos, ha sido, a través de los siglos y no por mera casualidad, más plenamente vivida por las mujeres que por los hombres.  Recordemos aquellas mujeres extraordinarias que la Iglesia ha proclamado “santas”, y en ocasiones “doctoras”, y que no ha dudado en proponer como ejemplo a todos los cristianos.  Un ejemplo que reviste hoy especial actualidad».

El Directorio de Mayo Floreal
de Germinans Germinabit

14 comentarios:

  1. La vida de muchas religiosas se ha convertido en una vida aburguesada: viven de las rentas de los grandes edificios construidos por sus fundadores; peluquerías i boutiques forman parte de su vida activa. Otras "iaias" estériles cuyo fruto es el cierre de sus casas y la decadencia.
    El Cid Cabreador

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    1. Ud debe conocer muy bien los conventos, las comunidades de religiosas, su trabajo sarificado, anónimo. Muchas religiosas son mayores- ley de vida- y han dado lo mejor de sí mismas por los demás: misiones, hospitales,residencias,escuelas, la calle. No han tenido vacaciones; Han sufrido con las otras personas; han consolado muchas personas. Esto de que muchas viven una vida aburguesada es una afirmación gratuíta además de generalizar. Sin duda que de todo hay en la viña del Señor. Ud.seguramente de tanto cabrear (perdone la expresióna)conocerá bien, esta realidad(?)y cual Cid, acampando a sus anchas, criticando y pero quizá viviendo más aburgesado que otras personas más sencillas, respetuosas y trabajadoras, no solamente religiosas.No sigui " dolent".

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    2. Nadie duda, y yo el primero que han habido y hay monjas santas y muy. Pero que muchos casas de religiosas son un desastre a la vista está. Conozco muy afondo una congregación y me consta que más de una religiosa no asiste a la misa dominical, pero no falla al cine.
      Yo sólo le pido estimado que abra los ojos a la realidad: muchos profesores que enseñan en colegios católicos se pasan por el forro el magisterio.
      Le podría explicar un caso de un padre protestante que apuntó a su hija a un colegio religioso católico porque no tenía escuela propia, pues bien, la hija en cuestión se enfrentó con el escolapio sacerdote porque negaba la diviinidad de Cristo. ¿Que le parece?

      El Cid Cabreador

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    3. Y tú de que vives? Solo sabes criticar! Seguro que no haces nada y el aburguesado eres tú!

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    4. Vuelvo a repetir que no acepto ataques personales. Se puede criticar las opiniones de los demás pero no a las personas que lo escriben.
      Esto es una sana y plural discusión dialéctica, pero no una pelea barriobajera de uno contra otro.

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    5. Quienes me conocen saben que igual frio una corbata que plancho un huevo. No se me caen los anillos para trabajar.
      ElCidCabreador

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    6. Además, aquí se está debatiendo sobre el estado de la vida religiosa en nuestras latitudes; tan solo expongo dos casos que yo conozco, que cada uno emita su juicio .
      ElCidCabreador

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    7. Caritas serviente felix
      ElCidCabreador

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  2. La fotografia de éstas Sras,la verdad es que no evoca para nada el recuerdo de las monjas,prefiero callar mi impresión al verlas.
    Por vueltas que demos que si psicologia,que si la teologia,ue si son galgos o que son podencos,la realidad está muy clara ,seguir a Jesús no es facil y queremos adaptar la vida mundana a su Doctrina y no puede ser.Ya sabeis lo que dijo a los que quieran seguirle y no hay mas por mucho que mareemos la perdiz.Hay que hacer vida de oración profunda,hay que adorar al Santisimo,frecuentar la confesión y comunión,hacer el bien sin mirar a quien,en fin no quiero ser mas papista que el PAPA,lo que si tengo claro es como seguirlo y el método no falla.Si queremos ir por el camino facil adaptando nuestra vida al mundo no HAY NADA QUE HACER.Por lo que recomendaría a las monjas o siguen a Jesús con todas sus consecuencias o que abandonen y dejen de dar tan mal ejemplo a los fieles que puedan tener.

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    1. faltan dos monjas carismáticas que dan mucho de sí.Mejor no verlas .

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  3. Tenemos en Barcelona un resurgir que promete muchisimo, por su muchísimo empeño. Son las Hermanitas del Cordero y las de la Caridad. (Las da la Madre Teresa).
    Estas, como Comunidades crecientes, pero también tenemos otras muestras de fiel seguimiento, como las Clarisas de CollÇerola, las Siervas de la Pasión o las Hermanitas de los pobres.

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    1. Totalmente cierto. Hace unos años íba con un grupito de amigos a visitar, ayudar, transportar a los enfermos del Cottolengo.Hace ya años pero me marcó, además de aquellas personas on gran discapacidad, la entrega, el cuidado, el cariño el TETSIMONIO de FE de las hermanas y personal.Nos marcó a todos esta dura realidad de los enfermos y la fe y el amor de las religiosas.
      Fermín

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  4. de todo hay en la viña del Señor; yo conozco a monjas fantasticas,con una fé,para cortar con cuchillo,las de esta imagen,no me sirven como ejemplo de nada,me sirven para comprender que sin Cristo, cualquier barbaridad es posible es como cita el Evangelio lo del pastor y las ovejas; estas se han perdido y no encuentran al pastor,y siguen al primero que encuentran. Que el Señor las ilumine en su busqueda de su "autentico" pastor.

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  5. Si pudiesemos abrir un convento en los Estados Unidos como el de Lerma,supongo que haria de FARO para todos los demás y si le acompañase otro de las Hermanitas de Belen como las de Sigena ,mucho mejor.Mientras nos queda rezar para que éstas criaturas encuentren el rumbo correcto y rectifiquen.ALABADO SE JESUCRISTO

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