viernes, 29 de junio de 2012

Capítulo V: La Reforma de San Gregorio Magno

San Gregorio, inspirado por el Espiritu Santo,
escribe el introito « Ad te levavi »
Todo el florecimiento musical del que hemos esbozado los trazos principales en su origen y en su desarrollo inicial, prosiguió en la Iglesia Romana de manera decidida y enérgica durante los siglos V y VI de la mano de los romanos pontífices. El liturgista e historiador Gerbert editó un pequeño tratado escrito por un tal “Juan, archicantor” de la Escuela de San Pedro en Roma que resume la obra de los papas León, Gelasio, Símaco, Juan, Bonifacio, Gregorio y Martín así como de los abades Martín, Catalejo, Mariano y Virbono. Es difícil precisar el significado y la envergadura de las referencias contenidas en las singulares afirmaciones de ese monje romano. Tanto como poderlas contrastar con otros documentos. Lo que sí podemos afirmar es que los historiadores medievales han mantenido un silencio absoluto sobre la obra musical de la mayor parte de estos papas, mientras hablan largo y tendido sobre la de San Gregorio Magno.

La figura de este insigne pontífice, que ha dejado una huella tan profunda en el gobierno pastoral de la Iglesia, despunta de manera singular en lo que se refiere a la historia litúrgica. Toda la tradición medieval, por supuesto coloreada con la leyenda, le atribuye la organización definitiva de la liturgia romana y especialmente del canto sacro que tomó de él la denominación de “gregoriano”. 

¿Qué fundamento histórico tiene esta última atribución? La colección de cantos litúrgicos que forman hoy el núcleo principal del Antifonario romano, ¿fue realmente completada por San Gregorio Magno? ¿En qué medida?

Esta es la gran cuestión gregoriana formulada entre los musicólogos que durante la segunda mitad del siglo XX ha suscitado grandes debates.

El primero en poner en duda la autenticidad de la tradición gregoriana fue Pierre de Goussainville en 1675. Algún tiempo después, en 1729 Georg de Eckart afirmó que la obra pertenecía a Gregorio II (725-731). Esta tesis fue recuperada en el siglo XIX por A. Gevaert que sostuvo que la compilación de los cantos de la misa y del oficio no era anterior a las postrimerías del siglo VII o principios del VIII y que debía atribuirse pues a Gregorio II o más probablemente aún a Gregorio III (+741) afirmando al mismo tiempo que el canto melismático era una importación oriental llevada a cabo durante el pontificado de los numerosos papas griegos. A mediados del siglo XX A. van Doren volvió a la carga impugnando la autenticidad gregoriana, si no del texto, al menos de las melodías.

Introito del I Dom. De Adviento
Sin embargo la tesis de Gevaert y de su escuela no encontró seguidores. Los mejores liturgistas, a pesar de reconocer que la tradición gregoriana presenta lagunas e incertidumbres, la combatieron duramente. Ciertamente la cuestión sería resuelta con rapidez si tuvieses la suerte de descubrir el Antifonario autentico de San Gregorio o una copia del mismo. Pero los más antiguos manuscritos existentes de los libros de canto son de casi dos siglos más tarde y no representan la pura forma romana sino una combinación de ésta con el rito galicano.

En cambio a favor de la tradición gregoriana podemos aportar cuatro argumentos de crítica interna y externa de un calado tal, que nos permite afirmar que su autenticidad es extremamente probable por no decir moralmente segura.

1º Testimonios históricos: Resumimos los principales, que forman como una cadena, comenzando por los más antiguos.
  • El más famoso, el de Juan, diácono (872) que escribió la vida de San Gregorio en base a las noticias que él mismo recopiló en Roma. En ella da fe del testimonio de la Schola Romana que afirma, con tradición jamás interrumpida, haber sido fundada por él. Esto es de excepcional importancia.
  • Amalario de Metz (+ c. 850) que es un de los liturgistas más eruditos de su tiempo y que afirma de manera contundente que Gregorio Magno “studiosissime ordinavit institutione S. Spiritus” (por inspiración del Espiritu Santo de manera “muy estudiosa” – es decir, rigurosamente científica-) compiló el Antifonario y el Salterio.
  • El Papa Adriano I (772-795) compuso unos versos hexámetros para ser cantados antes del introito “Ad te levavi” de la misa del primer domingo de Adviento, en los cuales atribuye expresamente a San Gregorio Magno la composición del Antifonarium:
  • Gregorius praesul, meritis et nomine dignus,
    Unde genus ducit, summum conscendit honores,
    Renovavit monumenta patrum priorum: tunc…
    Composuit hunc libellum musicae artis:…
(El obispo Gregorio, digno por el nombre y los méritos y que condujo a su estirpe a los más altos honores, renovó la obra de los primeros Padres y después compuso la música de este pequeño libro:...) 

Subráyese que el segundo verso “unde genus ducit” (condujo a su estirpe…) sólo es aplicable a Gregorio I pues como él mismo afirma tenía por tatarabuelo al Papa Félix. Imposible pues atribuir esa referencia a los papas Gregorio II o III.
  • Egberto, obispo de York (762-766), en su Dialogo de Institutione Catholica a propósito del ayuno de las Témporas afirma que el Antifonario y el Misal fueron compilados y editados por San Gregorio
  • Beda el Venerable afirma lo mismo en una referencia al obispo de Rochester.
  • Juan, archicantor de San Pedro y director de la Schola gregoriana, en condiciones pues de conocer la autenticidad de las cosas por sus fuentes, escribe en torno al año 680 que San Gregorio compiló un noble cantoral para el ciclo anual.
  • Finalmente el epitafio del papa San Honorio, fallecido en el año 638, contiene una alabanza a su labor musical tal de asemejarse a su ilustre predecesor San Gregorio. Y eso a menos de 40 años de la muerte de San Gregorio.
2) Los fragmentos del Antifonario que son tomados de la versión Itálica de la Biblia, después sustituida por la de Vulgata de San Jerónimo, y que entró en desuso poco después de San Gregorio. Consiguientemente los textos con la melodía que les acompaña ya existían antes del abandono definitivo de la versión Itálica, es decir antes del siglo VII. 

3) La casi total falta de innovaciones que encontramos en los cantos de las fiestas introducidas con posterioridad a San Gregorio como la Dedicación, la Asunción, la Natividad de la Virgen, la Procesión de la Candelaria, la Exaltación de la Cruz, los jueves de Cuaresma: casi todos demuestran ser una adaptación de cantos preexistentes. Hecho que sólo puede explicarse, no por la imposibilidad de componer nuevas melodías, si no porque el libro de los cantos de la Misa era considerado como una obra completa, intangible. Hacer añadidos hubiera parecido imprudente o temerario. 

4) Los últimos análisis del repertorio litúrgico gregoriano muestran que las cadencias de la mayoría de los cantos tanto simples como melismáticos, imitan la ondulación rítmica del cursus literario, especialmente de la primera cadencia ( cursus planus).

Pero como entre los siglos VII y XII la práctica del cursus fue generalmente abandonada por los escritores, debemos deducir que tales melodías se remonten a la época de mayor florecimiento del cursus, es decir a los siglos IV-VI o por lo menos no a periodo posterior a San Gregorio Magno.

Dom Gregori Maria

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