viernes, 15 de junio de 2012

Capítulo 3: Las formas originales del Canto Litúrgico (I)

Escritura neumática salmódica:
“Jubilate Deo universa terra,
    psalmum dicite nomini eius…”
En la antigua liturgia cristiana, igual que sucedía entre los hebreos, el libro de los salmos se mantuvo como la norma, el códice oficial, la base del canto litúrgico. Ciertamente durante los ágapes, las vigilias, los encuentros estacionales ( sinaxis ) también se cantaban composiciones de origen privado; pero el canto oficial de la Liturgia, el único existente propiamente como tal, no conocía otro texto fuera del Salterio.

La ejecución de la salmodia ordinariamente era confiada a un solo cantor. Esta forma, el solo salmódico, como habíamos referido, procedía directamente de la liturgia del Templo y de la sinagoga. Un cantor subía al ambón y comenzaba a interpretar el salmo. A cada versículo el pueblo respondía con una frase a modo de respuesta, breve y concisa, sacada del salmo mismo, o bien expresaba de manera vibrante un asentimiento con una afirmación resueltamente dogmatica: Amén, Alleluja, Gloria Patri et Filio, etc. 

Esta salmodia responsorial ( cantus, psalmus responsorius, graduale ..) es la más antigua en la Iglesia. Orígenes da testimonio de ello. Y Eusebio de Cesarea, refiriendo las noticias dadas por Filón sobre el canto responsorial en uso entre los Terapéuticos, añade que entre los cristianos se hace lo mismo. Y San Atanasio recordando un episodio de su intento de captura escribe: “ Tomé mi lugar en la cátedra y ordené al diácono recitar un salmo y a la asamblea de responder: Quoniam in saecula misericordia ejus” Efectivamente todo el pueblo se unía en la respuesta al solista, formando sin distinciones de sexo y edad, como una sola voz. San Juan Crisóstomo afirma: “ Cuando ha comenzado el salmo, todas las voces se unen formando un coro armonioso. Jóvenes y viejos, ricos y pobres, mujeres y hombres, esclavos y libres, todos toman parte en la melodía. En el palacio del rey todos están en silencio…pero aquí cuando el Profeta habla, todos nosotros respondemos, todos cantamos.” 

Monje salmista en un monasterio cisterciense
El Misal Romano tradicional ha conservado un bellísimo ejemplo de salmodia responsorial en el Cántico de los tres jóvenes ( Benedictus es Deus ) de la antiquísima misa vigiliar del sábado de Témporas, en la cual a cada versículo se repite: “ et laudabilis et gloriosus in saecula”. La reforma liturgica conciliar de 1969 tomó entre sus objetivos la restauración del salmo responsorial en todas las celebraciones. 

Hacia la mitad del siglo IV, con la paz en la Iglesia y con el consiguiente desarrollo del canto litúrgico público, el arte de la salmodia responsorial se incrementó extraordinariamente. Sobre el fondo de las antiguas melodías tradicionales, los solistas cristianos, aprovechando todo lo que de más noble y puro tenía el arte grecorromano, desarrollaron modulaciones y vocalismos tan lujosos y complicados como para suscitar en San Agustín un escrúpulo por el irresistible atractivo de su arte. Efectivamente, los cantores, que pertenecían casi siempre al orden diaconal, y constituían personalidades litúrgicas muy importantes, tenían entonces una gran libertad sea en el modo de interpretar las fórmulas tradicionales, como en la elección de los embellecimientos que se añadían. Este uso libre persiste aún entre los orientales y los hebreos: cada cantor prolonga o abrevia las modulaciones, según su gusto personal, la flexibilidad de su voz o el grado de la solemnidad. 

Algunas inscripciones romanas de los siglos IV-V recuerdan con honor el arte de los solistas.

Todos los Padres unánimemente celebran el encanto y la belleza maravillosa de la salmodia eclesiástica. Son famosas las palabras de San Agustín: “ Cuantas veces he llorado escuchando tus himnos y tus cánticos, profundamente conmovido por la voz de tu Iglesia, voz que resonaba suavemente y penetraba en mis oídos, mientras la verdad se insinuaba a mi corazón: piadosos afectos encendían mi alma mientras lágrimas saludables inundaban mis ojos”

Musicalmente afín al canto salmódico era el canto pascual del Aleluya, introducido en Roma en la misa por el Papa San Dámaso (366-384) aduciendo su uso tradicional en la Iglesia Madre de Jerusalén. ( de Hierosolimorum traditione)

San Agustín observa que se cantaba solemniter, o como refiere en otro lugar “jubilando” es decir con vocalismos melismáticos (jubilationes)

De esta referencia y la de muchos textos contemporáneos podemos afirmar que el Aleluya era independiente de cualquier verso salmódico. Fue probablemente San Gregorio Magno que trató de corregir la exuberante riqueza de los jubili aleluyáticos, añadiendo uno o dos versículos intercalados, A pesar de todo, el Aleluya ha sido y será siempre el canto más rico y florido del repertorio litúrgico.

En el próximo capítulo hablaremos sobre la aparición y difusión de otra forma de canto sacro: la salmodia antifónica.

Dom Gregori Maria

2 comentarios:

  1. Si a estas magníficas explicaciones de la liturgia, ahora el Canto Gregoriano, se pudiera instalar algun "youtube" para enriquecer el tema y poder escuchar alguna pieza gregoriana. ...No sé. Quizá no sea fácil.Muchas gracias por este trabajo de estudio y de divulgación litúrgica.

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  2. Se podrían enlazar los youtubes. El problema es que este canal está muy cargado del estilo de Silos, pero le faltan los antiguos, plagiales, modos "segundos", "terceros", etc...

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