viernes, 8 de junio de 2012

Capítulo 2: Los orígenes del Canto litúrgico

Resulta por todos conocido el hecho, de como desde los tiempos apostólicos el canto de los salmos davídicos, así como de los himnos y cánticos de la Sagrada Escritura, fuera un elemento ordinario de las primitivas asambleas litúrgicas. Sobre este punto no hay disensión alguna. La incertidumbre comienza cuando se quiere precisar el modo en el que entonces se cantaba, o dicho de otra manera, el género musical que debió modularse por los labios de los primeros cantores cristianos.

Para llegar a algún resultado, de ser posible, es necesario no olvidar que el cristianismo había nacido y crecido en el ambiente judío, y separándose de este y salido de Palestina, se encontró en contacto con la civilización grecorromana. 

Además, contando con que el arte helénico y sobretodo el culto judaico poseían formas musicales muy precisas, hemos de concluir que el nuevo culto cristiano no pudo inhibirse de su lógica influencia.

El canto en la sinagoga era puramente monódico, unísono y de ritmo libre, tanto el coral como el solista. La base del canto litúrgico eran los 150 salmos, los cuales eran interpretados por un solo cantor o un grupo de pocas voces. El coro se limitaba a cantar en determinados salmos, el Aleluya inicial y el final, o a intercalar después de cada versículo una breve frase a manera de respuesta ( ritornello- aprostíchion). Por ejemplo el hemistiquio quoniam in aeternum misericordiam ejus que se repite a cada versículo del salmo 135. 

Filón, en un fragmento conservado por Eusebio en su Historia Eclesiástica, hablando del canto de los salmos en uso por la secta judía de los Terapéuticos de Alejandría, dice que era ejecutado con ritmos y melodías muy variadas ( pollois métrois kai mélesi).

Además en el patrimonio musical hebreo tenían que existir fórmulas melódicas para las bendiciones, plegarias, eulogías, frecuentes en el ritual del templo y de las sinagogas. Finalmente no faltaban, conforme a una antigua costumbre oriental, los vocalismos (jubili), es decir grupos melismáticos sobre vocales, usados aún hoy en día por los hebreos actuales.

En música , melisma (del griego, μέλισμα , “canto”) es la técnica de cambiar la altura de una sílaba musical mientras es cantada. En la música de la Antigua Grecia , una nota larga se sustituía por una sucesión de notas breves, de la misma manera que en el canto gregoriano en el que se cantan varias notas sobre una misma sílaba. A la música cantada en este estilo se le llama melismática, opuesto a silábica, donde a cada sílaba de texto le corresponde una sola nota.

La música griega no era muy diferente de la judía, sobre la cual había ejercido desde hacía tiempo una sensible influencia. Abrazaba tres géneros: el diatónico , que procedía por tonos enteros y semitonos en su natural sucesión, evitando dos semitonos seguidos y no más de tres tonos enteros; el cromático, que dividía un tono entero en dos semitonos; y finalmente el enarmónico , el cual a su tiempo dividía el tono en cuartos de tono. El género enarmónico había ya desaparecido en la época de Cristo, el cromático, a causa de su carácter débil y apasionado, era considerado suave y sensual, propio de la gente afeminada; para el canto coral se usaba casi exclusivamente el género diatónico.

Es muy probable pues que la Iglesia primitiva, dejados de lado el cromático y el enarmónico, haya escogido el sistema diatónico griego para dar a sus nuevos cantos una forma melódica clara, seria y bien ordenada. Y eso junto a aquella organización rítmica por agrupación de tiempos y pies, binarios y ternarios, cuyas leyes eran bien conocidas desde tiempos antiguos.

El tiempo es la unidad usada para medir las expresiones auditivas de algún segmento musical. Usualmente nos referimos a tempo al hablar de transiciones de espacios sonoros, como al contar del 1 en 1 hasta llegar al 10. 

Cuando cada tiempo o pulso es dividido en dos, se denomina de "Pie Binario". Esto quiere decir que la nota que ocupa un pulso se subdivide en dos de menor duración, exactamente iguales entre sí.

Como hasta ahora l a unidad de división que venimos usando es la negra, la unidad de división le corresponde a la corchea.

Cuando en cambio, cada tiempo o pulso se divide en tres, se denomina de "Pie Ternario". Esto quiere decir que la nota que ocupa un pulso se subdivide en tres de menor duración, iguales entre sí. 

Aquí la unidad de tiempo pasa a ser la negra con puntillo, y la unidad de división es la corchea.
 
De la sinagoga en cambio derivó al melodía aplicada al salmo responsorial y a los recitativos litúrgicos (anáforas, oraciones, lecturas, etc…) Querer precisar más resulta una fatiga inútil. En cuanto a los vocalismos melismáticos o jubili del canto del Aleluya es muy verosímil que fuesen practicados por la Iglesia primitiva. Se puede argumentar a partir de la tradición judía y a partir de algunas expresiones de antiguos escritores eclesiásticos, comenzando por San Pablo, e incluso a partir del amplio uso hecho por los gnósticos del siglo II y III de los que se han conservado no pocos papiros y amuletos de esta época. En ellos el vocalismo melismático litúrgico se alterna con el recitativo, formando un grupo melódico que se desarrolla sobre la última vocal de la frase o versículo. 

Más adelante veremos como que en el canto gregoriano la estructura del aleluya se organiza de tal manera que el cantante solista canta primero la palabra aleluya sin el "jubilus" y a continuación el coro repite esa misma palabra, esta vez añadiendo el conjunto melismático. 

Veremos en el próximo capítulo como evolucionó la ejecución de la salmodia en la antigua liturgia cristiana.  

Dom Gregori Maria

4 comentarios:

  1. Enhorabuena por este magnífico documento. No soy músico aunque me gusta mucho la música sacra, desde el gregoriano hasta la polifonía. Sería interesante dieran alguna referencia bibliográfica sobre la historia del tema tratado, para profanos en los tecnicismos musicales.

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  2. El apartado de liturgia que se escribe en Germinans creo que es sumamente formativo,fácil de entender y al mismo tiempo se nos hace un formidable "repaso" de la historia litúrgica que al menos a mí me hace mucha falta.
    ¡Muy bien por esta publicación de Dom Gregori María!

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  3. Un libro muy interesante sobre el canto gregoriano y su historia es "El canto gregoriano" de Juan Carlos Asensio.

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  4. GEMINANS SIEMPRE INSTRUYÉNDONOS E INFORMÁNDONOS, GRACIAS DE VERDAD, LES SIGO DESDE HACE ESCASOS MESES Y PROCURO NO PERDERME NINGUNO DE VUESTROS ARTÍCULOS.
    ATTE. GABRIEL

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