miércoles, 2 de mayo de 2012

Ultras, dicen


Cuando el progresismo carece de razonamientos, recurre siempre al argumento ad hominem. Lo estamos contemplando estos días con la avalancha de informaciones respecto a esta página web. Integristas, conservadores, carcas, ultras; cualquier epíteto despectivo es útil para enmascarar su orfandad argumentativa. De tal guisa, si se habla de "una plataforma de ultracatólicos" o de "un movimiento ultraconservador", la progresía ya no necesita mayores consideraciones. El anatema se ha soltado, el personal leerá la pieza con prejuicios y nunca podrá extraer una conclusión positiva. ¿Cómo van a ser buenos, si son ultras? ¿Cómo podrán decir verdad alguna, si son reos de integrismo? ¿A qué fin atender a razones, si son un grupo de fachas? Para los progresistas siempre es sospechoso quien no participe de su mínimo común denominador. No sólo sospechoso, sino un malvado en potencia. Un ultra. Un repelente hooligan.

El argumento ad hominem no es más que una forma eficaz de rehuir el debate. Y en el caso del nacional-progresismo eclesial no sólo el debate sino la misma realidad. Todos estos que nos tildan de ultras, no encuentran una explicación lógica a que nuestro portal goce de una media de 2.000 a 3.000 visitas diarias. ¡Si que hay ultras! Tampoco se explican, aunque ellos mismos caen en la trampa, que desde que se ha abierto el melón sucesorio del cardenal Martínez Sistach todas las informaciones hablen inevitablemente de Germinans Germinabit. ¿Por qué será? O que en Terrassa surja un seminario que en pocos años supere en número de vocaciones al de Barcelona. O que las diócesis de Solsona y Vic convoquen un congreso sobre la Nueva Evangelización y queden desbordados por el número de asistentes, debiendo cambiar el recinto. Tampoco comprenden que existan parroquias germinantes, que son las únicas que se llenan en sus celebraciones y efectúan una labor social más fructífera. Me voy a referir a un sólo caso que no sale en los medios: la parroquia de María Reina, de la que es párroco Monseñor Jaume González Agàpito, en la que cada día se da de comer -dos platos y postre- a 200 personas. La opción por los más pobres en pleno Pedralbes. Una labor callada, discreta, pero tremendamente efectiva. Una acción social (como otras muchas) que quedaría oculta, sino fuera por la irrupción en su día de este portal. Esa ha sido la misión más satisfactoria que hemos podido realizar: hacer visible a una parte de la iglesia en Cataluña que se hallaba postergada.

Porque de ultras nada. Al revés, nuestra orientación es bastante liberal. Cada uno según su punto de vista. Que en Germinans cada columnista escribe su artículo, sin consenso ni mucho menos censura previa. Aquí no nos reunimos en consejo editorial, ni perdemos el tiempo en asambleas. Más que nada porque los laicos trabajamos y los curas se desviven por sus parroquias. Pero la tendencia ha sido siempre lejana a cualquier tentación neo-carlista. Es más, en mi caso particular, estoy plenamente convencido que España perdió el tren de la modernidad en el siglo XIX por culpa de unas luchas cainitas que nos apartaron del resto de Europa. ¡Cuanto se desaprovechó al no seguir la senda del Cádiz de 1812!

Y si por ser radicalmente anti-abortistas somos ultras es que todavía han entendido menos. ¿Acaso no existe una argumentación liberal pro-vida? Incluso existen progresistas pro-vida. En Estados Unidos, por ejemplo, la agrupación "Democrats for Life of America" o "Libertarians for life". Mientras que, por el contrario, también se hallan republicanos favorables al aborto en la "Republican pro-Choice Coalition". O en España, un libertario radical contrario al aborto  como Albert Esplugas Boter. Y ya es el colmo que nos llamen ultras por ser amantes de la liturgia bien hecha. ¡Qué tendrá que ver el tocino con la velocidad!

Pero lo más grave es que esos ataques simplistas parten mayormente de las huestes creyentes. Estamos en las antípodas ideológicas del semanario El Triangle, pero el reportaje de Pep Martí corresponde al propio de un periodista. De un periodista que trabaja, que se patea la calle, consulta todas las fuentes y habla con todas las tendencias. No como otros que pretenden resolver el mundo desde su residencia de Sant Cugat, pasándose el día jugando al twitter u otros que sólo hacen el recorrido de Avenida Gaudí 13 a la Claret. Periodistas, se hacen llamar. Y se han quedado con un convulso blog en La Vanguardia.

Llevamos pocos días desde el 29-A y el nerviosismo ha aflorado de una forma inesperada. Sobre todo por su virulencia. La sucesión de Sistach es la última bala del nacional-progresismo eclesial. De aquí diez años serán cuatro y el de la guitarra. Absolutamente irrelevantes. Están en caída libre y lo saben. Apurar diez o doce años su estatus no es más que la batalla por su medio de vida. Se trata de una cuestión prosaica. De su pan. El problema es que por una cuestión prosaica, la diócesis puede quedar arrasada. No está en juego únicamente la sucesión de un flojo arzobispo. Está en juego si la diócesis languidece todavía más hasta su muerte por inanición o se renueva y fructifica.

Oriolt

7 comentarios:

  1. Gracias, Oriolt por el artículo. Lo único, espero que en el futuro los progresaurios y sus amigos sean sólo cuatro, porque si se suman los de las guitarras van a ser legión! Id a ver qué hermosa ceremonia-batucada que hacen en la Sagrada Familia el Domingo a la tarde. Es lo más parecido a una ceremonia protestante: hasta el Sanctus modifican! En fin, ánimo y "nada te turbe nada te espante", Sistach no tiene aguante!

    ResponderEliminar
  2. Ellos son los ultra-nacionalista y los ultra-progresistas intolerantes e intransigentes con todo lo que se salga un milímetro de sus caducados planteamientos.

    ResponderEliminar
  3. Amigo Oriolt, ¿me puede decir qué es lo que le hace mantenerse lejos de "cualquier tentación neocarlista" a Germinans?.
    ¿Qué hay de nocivo, para la sociedad actual, en la defensa de los principios de Dios,la Patria y la Tradición?, pues otra cosa no es el carlismo.
    No entiendo su apología del liberalismo; "libertad, igualdad y fraternidad" son, desde la óptica de los defensores de la ideología que inspiraron a las Cortes de Cadiz, sinónimos de descristianización,inmoralidad y relativismo.
    Una cosa es huir de etiquetas inapropiadas, y otra es asumir el pensamiento de lo políticamente correcto como algo incuestionable.
    A ver si para que no les acusen de ultras van a acabar haciendo apología de los Hijos de la Viuda, que por cierto, eran mayoria en "sus" Cortes de Cadiz.

    ResponderEliminar
  4. Oye, no creo que el descuelgue de infocatólica sea tan de común acuerdo... Los escrúpulos episcopales de su director son evidentes desde hace tiempo.

    ResponderEliminar
  5. Oriol, también yo soy un nostálgico de la Pepa.
    Para mí la gran desgracia de España es el fracaso del catolicismo liberal y del liberalismo católico.
    Saludos y enhorabuena.

    ResponderEliminar
  6. Pasquino, autor y demás amantes de las cortes de Cádiz:

    ¿Liberaliqué? Lo que tenemos que afirmar es nuestra libertad como católicos, la que emana de nuestra dignidad humana y reconocemos a través de las Enseñanzas de Jesucristo, no su "ismo." Justo sería que si añadir este sufijo a la palabra nos hiciera dignos, pugnáramos por el liberalisismismo o más, pero es que nuestra Trascendencia no radica ahí, como tampoco encontraremos ahí la postura necesaria ni el mejor terreno en que movernos.
    Vamos a la esencia y dejemos la desinencia. No es necesario que unas Cortes digan en una Constitución quiénes debemos ser, para que seamos conscientes de ello.

    Os recuerdo que la libertad la da Dios, no un papelajo que firman y suscriben cuatro payos bien vestidos.

    Rafa Mir: Puede que no haya nada de malo en ser carlista, pero intenta comprender que no todo el mundo lo sea.


    Oriolt:
    Se te ha pasado por alto un detalle. Los oriolanos y toda su secta son más ultras que nadie, ya que llevan a ultranza sus postulados como ningún otro bicho viviente. Basta leer los comentarios del pesao de Andreu en el blog de Oriol Domingo, su persistencia en el "narcisismo cultural" -que no otra cosa denota él- y su obsesión por que Catalunya es la oposición a lo "castellano", que es España.


    Habéis sido azotados por el ultrismo de estos nacionalprogresistas y no ha mucho se ha empezado a saber de su proceder con más detalle. Creéis que aquí dáis buena cuenta de quiénes son, pero la verdad es que vuestros documentos los ratifican ellos con sus actos, dando aún más cumplida cuenta.

    Digan lo que digan esos intransigentes, vosotros os acercáis a lo que tira a normalillo, dejando de lado cosas como la Pepa y otros extraños tics de incomprensible siglo XXI.

    ResponderEliminar
  7. Gracias a Dios, Sistach se jubila. Es triste haberse dedicado así a perseguir a quien le decía la verdad; en lugar de ser el Buen Pastor, persigue a las ovejas que le avisan que va al precipicio. Todos compareceremos ante el juicio de Dios; pero los Pastores darán cuenta más estrecha. Pido a Germinans que siga el camino de la verdad aunque eso les traiga persecución. Santi

    ResponderEliminar